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sábado, 21 de marzo de 2015

Perdido en Amsterdam

         Amsterdam y sus hermosos canales de agua


Cuando vivía en Venezuela, escuché en una oportunidad a alguien decir que la vía más rápida, fácil y barata de viajar por toda Europa era utilizando los trenes. Pues..¡eso es totalmente falso! Porque no hay nada más caro, complicado e incómodo que viajar en tren a cualquier ciudad del Viejo Mundo.
La gran mayoría son trenes viejos y, como tal, son lentos e incómodos. Los más modernos son lujososy súper rápidos, pero excesivamente costosos, incluso valen más que un avión.
También es un gran lío tomar el tren, porque están divididos por líneas A,B,C y D que utilizan una sola vía y sus servicios y precios varían dependiendo la hora y los días.

Yo tuve una experiencia muy desagradable y, a su vez, extraña gracias a los trenes de Europa.
Resulta que en una oportunidad, me invitaron a una fiesta cuando vivía en Bruselas, Bélgica.
La recepción se realizaría en un pueblo cercano a Holanda, quedaba a solo 45 minutos de la capital belga y debía estar allí a partir de las 9:00 pm. Poco antes de salir de la residencia, me guardé 50 euros en la cartera, pensé que no necesitaba mucho dinero ya que iba a una reunión. Recuerdo que ese día había mucho frío y usé bufanda, guantes y sobretodo.

Era viernes y me tocó hacer una gran fila en las taquillas de la Estación Cental de Trenes de Bruselas, para poder comprar los tickets, ya que habían cientos de turistas en pantalones cortos y chanclas cargando mochilas, que pretendían viajar a otras ciudades belgas u holandesas.
Viendo su atuendo, me preguntaba: ¿no tienen frío con tan poca ropa y, por qué carajo los europeos y norteamericanos tienen la mala maña de andar casi desnudos y en chancletas de goma cuando van a turistear?



                            Estación central de Bruselas


Estuve largo rato en la fila y aproveché el tiempo para mandarle mensajes telefónicos a mis amigos anunciado que ya iba en camino. Cuando tocó mi turno en la taquilla, compré solo el pasaje de ida que me costó 7,95 euros, ya que me traerían de vuelta a Bruselas en auto, una vez finalizada la fiesta.
El ticket indicaba que me tocaba tomar el tren en el andén número “2” y el aparato llegaría a la estación a las 7:30 pm en punto y así fue. Emocionado, le mandé un SMS a mis amigos con la intención de que me esperaran en la estación y, desde allí, irnos todos juntos a la fiesta.
Uno de ellos me escribió que eran solo 5 estaciones desde el lugar de mi partida y que por favor las contara, para que no me perdiera, ni equivocara el lugar donde tenía que llegar.

Saqué del bolsillo de mi sobretodo un aparato de MP3 y me dediqué a escuchar música mientras el tren rodaba y rodaba. Por la hora, solo se podía ver a través de los vidrios casitas con las luces encendidas en medio de una llanura oscura. De repente, los altavoces del tren anunciaron la primera estación.

“Me faltan cuatro” - analicé y continué escuchando música.

Dios, U2 y mis ganas de conocer un lugar nuevo, me acompañaron durante el viaje.

Mientras miraba por la ventanilla, podía leer los nombres de las estaciones que el tren seguía de largo. De repente, el aparato se paró de nuevo y pude observar que el letrero de la estación no era del mismo color de las otros que había dejado atrás. Pensé que variaba el diseñp dependiendo si las líneas eran A,B o C. Era la segunda parada y me faltaban tres estaciones más para llegar al lugar. Sin embargo, pasaron los minutos y el tren seguía rodando y no se detenía.

Comencé a ponerme nervioso, intenté mandar un SMS a mis amigos, pero dentro del aparato no había cobertura, así que el mensaje me rebotó.


                                  Uno de los trenes de Bélgica


De repente, el altavoz se vuelve a activar y la voz femenina dice en inglés: bienvenidos a la Estación Central de Amsterdam, en tan solo unos minutos arribaremos a la capital holandesa.
Entré en pánico, quedé en shock, se suponía que iba a una ciudad cercana a Bruselas ¡Y terminé en otro país!

Era como si fuera de Barquisimeto a Cabudare y terminé en Bogota, Colombia. O como si fuese de Buenos Aires a Moreno y arribe a Asunción, Paraguay. ¿Ahora que carajo hago yo en Amsterdam?

¿Y ahora qué hago?

Cuando apenas bajé del tren, le pregunté al señor de la taquilla ¿en qué había fallado? ¿por qué el tren no paró en la quinta estación como yo esperaba? Y me dijo:

  • “Ya veo que no le explicaron que tenía que tomar la línea A, B, C o D, es por eso que ahora está en Amsterdam, usted tomó el andén número 2, pero la línea equivocada”

Lo más curioso es que en el bendito ticket no aparecía ninguna letra, solo el número del andén.
Me alejé de la taquilla, tomé mi celular, llamé a mis amigos y me dijeron que tenían más de una hora esperándome en la estación de trenes.

  • “Disculpenme, pero estoy en Amsterdam, Holanda, agarré el tren equivocado, nadie me explicó lo de las líneas A,B,C,D, así que dejénme averiguar cómo me devuelvo hasta allá”.

Corrí hasta la taquilla, pero la estaban cerrando, le dije que al vendedor que necesitaba un ticket de vuelta urgente a Bélgica y éste sonriente me comentó:

  • “Lo siento señor, pero el próximo tren a Bruselas parte mañana a las 6:00 am y los tickets se compran al momento, no por anticipado”.

Me dió un ataque de nervios, vuelvo a llamar por teléfono a mis amigos y éstos me dicen que no pueden viajar hasta Amsterdam a buscarme, porque les queda lejos, así que sí o sí tenía que quedarme en esa ciudad y esperar el primer tren al día siguiente para volver a Bélgica.

Me tomo un respiro para calmarme un poco, reviso mi cartera y solo tenía encima 42 euros, creanme que desde ese día juré más nunca salir con la cartera vacía de casa. Con esa pequeña cantidad de euros tenía tres opciones: comer algo o pagarme un cuarto en un hostal -que es lo más barato- para pasar la noche o utilizar el dinero para pagar el ticket de vuelta a Bruselas.


                               Estación Central de Amsterdam



Normalmente cuando viajo a un país extranjero, planifico mi visita al lugar con antelación.
Lo primero que hago es sentarme frente a la computadora y usar la Internet. Allí busco los sitios turísticos a visitar, anoto los precios, direcciones, opciones donde comer y más. Pero en este caso, fue un turismo “obligatorio” y, lo que es peor...¡Sin dinero!.

Un café que no era café

Eché a caminar para aclarar mi mente, pensé que la mejor opción era caminar por la ciudad hasta que amaneciera. A pocos metros de la estación había un café. Pensé tomarme una taza de café negro, para así aguantar el sueño.

El lugar era de dos plantas, arriba tenía como una terraza llena de mesas y se veía mucho humo, se notaba que era el lugar para fumadores, pero cuando entré al interior, también la gente estaba fumando y la humadera apenas dejaba verles la cara. Olía fatal, olía a marihuana que se mezclaba con el olor a tabaco tradicional, mas olor a incienso que era utilizado para camuflar los otros olores desagradables, todo esto creaba un ambiente pesado y difícil de respirar.
Sonaba a todo volumen música de Bob Marley y había mucho calor. Comencé a toser, me abaniqué con la mano para apartar algo de humo de mi cara.



                      Había tanto humo en el lugar, que parecía neblina


Apenas me senté, la mesera me dio un menú bastante raro, ya que por ningún lado había comida, ni bebidas, salvo un par de tortas, té de varios sabores y nombres de países con diferentes precios.
De verdad que no entendía nada, le pedí un café y me dijo que en Amsterdam “los cafés” eran lugares donde se fumaba marihuana y no donde servían bebidas o comidas.
Allí la droga es legal, siempre y cuando tengas un carnet aprobado por el gobierno, que te da derecho a consumirla, en caso de ser extranjero o no portar dicho permiso, te está permitido consumir ciertos gramos.

El menú que la chica me facilitó detallaba la procedencia de la marihuana por países y los precios de la misma por gramos. Mientras que las tortas y la variedad de té que aparecían en la carta, también eran a base de cannabis. Pues, no tardé en salir corriendo del lugar, porque no bebo, ni fumo y menos debutaré en el mundo de las drogas en un país extranjero. La mesera me indicó que en restaurantes o bares, podría conseguir el ansiado café negro que requería. Salí corriendo del lugar, pero el olor a humo se me quedó pegado en la ropa, y seguro quien me lo sentía, pensaría que yo también consumo cannabis y que andaba drogado por la calle. ¡Que raya!

Dos cuadras más adelante había un restaurante, afortunadamente libre de humo y de drogas.
Allí si me ofrecieron café y el ambiente era más tranquilo. Canciones de jazz clásico salían de los altavoces del lugar y una gran lámpara de cristales traslúcidos adornaba un techo decorado con pinturas de ángeles. Mientras tomaba el café, analizaba si me quedaba un par de horas en el restaurante, porque allí me sentía seguro o caminaría por la ciudad, para por lo menos decir que conocí Amsterdam.




       Un menú parecido a este fue el que me ofreció la mesera


De repente, sonaron los clicks automáticos de una cámara fotográfica, busqué con la vista de donde salían dichos sonidos y resulta que en la mesa detrás de la mía, estaba un muchacho, con una cámara hipermoderna y un lente gigantesco, haciéndome fotos a distancia.
Puse mala cara y entonces el joven se acercó y me pidió disculpas por su atrevimiento. Me dijo que se llamaba Adam y que estudiaba arte. Que se iba a especializar en fotografía y que le parecí un personaje de “belleza exótica y salvaje”. Le dije que estaba describiendo a un loro o a una guacamaya con esos términos y se echó a reír.

Le dije en español: ¡el coño de tu madre, anda a comparar con un loro a tu abuela! ¡Salvaje y exótico es tu culo, pajúo!

Y cuando me pidió la traducción al inglés del insulto que le propiné, le dije sonriente: nada, que se ve que eres buen fotógrafo y se nota que el arte es tu pasión.

Comenzamos a conversar y al preguntarme qué hacía en Amsterdam, le conté mi equivocación al tomar el tren y me dijo:

  • “Entonces debes aprovechar al máximo tu viaje a Amsterdam, ven y te llevo a conocer la ciudad”.

Una noche muy pero muy extraña

Lo primero que hizo Adam fue llevarme al “Barrio Rojo”. Allí están los centros de prostitución de Amsterdam. Es un barrio frente a uno de los canales de agua, lleno de caserones en los cuales las mujeres se exhiben en ropa interior en grandes ventanales que están alumbrados con bombillos rojos.
El muchacho me explicó que los de la calle de enfrente eran burdeles ilegales, mientras que donde estábamos era la prostitución legal, que era aprobada y controlada por el gobierno.
Me dijo que el libertinaje era el pan nuestro de cada día en la capital holandesa, tanto era así, que hasta se había creado para la época un partido político que apoyaba la pedofilia, pero los demás países europeos habían rechazado la idea y lo eliminaron sin pensarlo dos veces. Si revisan en la Internet, aparecen los reportajes y las notas de rechazo contra esta sarta de enfermos mentales que creyeron que era normal el abusar de un infante. De verdad que yo los fuese puesto presos a todos y le impondría cadena perpetua para que no sigan destruyéndole la vida a seres inocentes.




  Uno de los famosos cafés de Amsterdam, donde precisamente NO venden café




En pleno paseo, Adam recibió una llamada a su teléfono celular, habló unos minutos en su lengua natal y me preguntó:

  • “¿Te gustaría ir a una fiesta? Es que una gran amiga está de cumpleaños y se lo están celebrando en su apartamento, ¿te gustaría ir conmigo?”

De verdad que me lo pensé, soy desconfiado por naturaleza y a pesar que de Adam se había mostrado educado, inteligente y, aparentemente buena persona, le dije que no me animaba la idea. Entonces insistió y fui bajo la condición de que no iba a un lugar lleno de mafiosos, prostitutas, pedófilos o drogadictos. Se rió, me dijo:

  • Te aseguro que mis amigos no son nada de lo que me indicas, salvo el consumo de drogas, que aquí en Amsterdam es normal fumar marihuana.



Imagen del "Barrio Rojo" de Amsterdam, donde las prostitutas se exhiben en ventanales




De inmediato pensé que debía esperar sí o sí hasta el amanecer para tomar el tren de vuelta a Bruselas, entonces la única opción que me brindaba la noche era arriesgarme a asistir a la dichosa fiesta, total, no tenía más nada que hacer y además el hambre ya me estaba atacando.

Nos montamos en el auto de Adam y después de varios minutos rodando, mientras yo disfrutaba los canales de agua que adornan la capital holandesa, llegamos a un viejo edificio de ladrillos.
Subimos un par de pisos y cuando la puerta se abrió, se los juro que la escena me remontó a la década de los 60, porque aquello parecía más un encuentro hippie que una fiesta.

Adam gritó en voz alta y todo el mundo guardó silencio:

- “Su atención por favor, este es un amigo venezolano y se llama José. Él no habla holandés, solo inglés, así que desde este momento todos hablaremos inglés para que él no se sienta incómodo”.

Acto seguido, todos comenzaron a hablar en inglés.



 Así de hermosa se veía la ciudad cuando la recorrí de madrugada


En el dañado sofá de la sala había una pareja de novios que se besaban, tocaban y acariciaban, sin percatar que estaban rodeados de personas. Estaban en su mundo y por más que había ruido a su alrededor, ni se inmutaban.

En un rincón estaba la cumpleañera, que colocaba en un tocadiscos como de los 70s un long play de The Doors y repetía sin parar el tema “Light my fire”, que a su vez bailaba alzando los brazos y con los ojos cerrados. El aparato sonaba horrible y el disco se pegaba porque estaba rayado, pero igual la chica disfrutaba la canción y la cantaba en voz alta.


En la cocina habían tres hombres fumando marihuana, se pasaban el cigarrillo fabricado a mano con papel periódico, no decían ni una palabra, estaban en silencio y concentrados en consumir la yerba.

Adam comentó que tenía hambre, entonces abrió el refrigerador, sacó un muslo de pollo del mismo y comenzó a morderlo con dificultad. Después comenzó a tomarle fotos a los presentes en el lugar.
De repente, la chica que estaba en el sofá comenzó a jadear, mientras su novio le metía la mano bajo la falda y, acto seguido, le sacó una teta de la blusa.
A pesar de la perfección del seno al aire y de su hermoso color rosado, nadie se percató del erótico hecho y la parejita aprovechó la situación para ponerle más picante al asunto.

Mientras los novios se preparaban para tener sexo delante de los presentes, respiré profundo y me dije a mi mismo:

  • “¡Ay José Luis Mata!¿Dónde mierda te metiste”?


CONTINUARÁ....


Joseluismatasanchez@gmail.com - Marzo 2015



Reportaje sobre el Barrio Rojo y los Cafés de Amsterdam

sábado, 23 de junio de 2012

Los “Gringos” de Barrio Unión



Foto que me hice en el 2001 en Montreal, Canadá. Allí estaba en el jardín de Alvaro, quien amablemente me recibió en su departamento y la foto me la tomó mi amiga María Teresa

Siempre he pensado que a pesar de todos sus defectos o virtudes, Venezuela es el mejor país y el más bello del mundo. Sé que suena irónico, ya que vivo en el extranjero, pero cuando se vive lejos de la tierra que te vió nacer, se extrañan más sus comidas, su gente, sus paisajes, sus colores...¡TODO!
Todas las actividades que he hecho y haré fuera las fronteras venezolanas, siempre ha sido pensando en mi país y en mi gente, en alzar el nombre de Venezuela en el mundo.
Lamentablemente, no todos piensan como yo. Durante mis viajes y estadías por el “Primer Mundo”, me he encontrado con venezolanos que rechazan su raza, desprecian a nuestro país y se creen alemanes, belgas, ingleses o del país donde emigraron. Lo más triste es que su aspecto criollo no lo pueden disimular, a pesar de utilizar acentos extranjeros o se disfracen con las vestimentas del país que los acogió.
Con dolor tengo que reconocer que algunos venezolanos que conocí y que residen fuera de su país descargan a Venezuela y sólo recuerdan lo malo, lo negativo y las historias más horrorosas que vivieron en su terruño natal. Todos esos resentimientos son las causas aparentes y los justificativos que utilizan los que yo bauticé como los “Gringos de Barrio Unión” para aborrecer a su país y que me disculpen los habitantes del Barrio Unión de Barquisimeto, pero esto no tiene nada que ver con ellos, sino que utilicé ese nombre porque todos estos “Odia Venezuela” provienen de barrios u orígenes humildes y los une los mismos ideales, o sea, olvidar al país que dejaron atrás.
Antes de ir a Montreal, Canadá, en el año 2001, una señora me pidió que por favor visitara a su hijo que tenía tiempo que no veía, ni sabía de él. Me dió su número de teléfono y unas fotos envueltas en papel para que se las entregara.
“Espero las imágenes le remuevan los recuerdos y así se acuerda que tiene madre”, me dijo la anciana con tono de tristeza.
Días después que me instalé en el barrio de Plamondon de Montreal, llamé a este muchacho desde una cabina telefónica en la calle, pero me cayó un contestador que decía unas palabras en inglés y que dejara el mensaje después del tono. Como se supone que iba a hablar con un paisano mío, le dejé grabado el número de la casa donde me estaba quedando en español. En horas de la noche, me devolvió la llamada, la voz tenía un marcado acento norteamericano.

  • ¿Hablo con el senior Mata, po favó?
  • Si hablas con él, ¿quién es?
  • You llamar a mi house, ¿qué querer?
  • Disculpa, es que tu mamá te envió algo conmigo...
  • ¿Tú hablar inglés? ¡Porque no entender nada!
  • Yes, I speak english

Entonces comenzamos a conversar en inglés y me dió su dirección. Quedamos en vernos un sábado a las 7:30 pm, no si antes advertirme que sólo me atendería media hora porque estaba muy ocupado.
Al colgar, pensé que el chico tenía muchos años viviendo en Canadá, porque su español era deficiente.
El día acordado llegó, el jóven vivía en una de las mejores zonas de la ciudad y para llegar hasta allá, me tocó tomar varios metros porque me perdí y más aun cuando se tienen sólo unos días en una ciudad totalmente desconocida para un recién llegado como yo.
Afortunadamente, me fui temprano previniendo el adivinar cómo llegar al lugar. Cuando estuve frente a su puerta y toqué el timbre, su saludo en inglés fue: “llegas tarde 3 minutos”...
Se trataba de un muchacho moreno, bastante oscuro, cabello ensortijado, delgado y de baja estatura, o sea, más venezolano no se puede.

  • Discúlpame, pero me perdí en dos oportunidades, las líneas del metro me confundieron...
  • Mucho gusto, soy Enrique (nombre falso para proteger su identidad), okey, al grano, ¿qué quiere mi mamá?
  • No lo sé. Te mandó este sobre...   

  • Lo abrió en silencio, miró las fotos de reojo y leyó la carta en español. Mientras tanto, yo observaba la casa, y noté que tenía el televisor encendido con un juego de fútbol americano y música rap a todo volumen a la vez. De repente, salió un tipo altísimo de aspecto nórdico de una habitación y Ernesto me dijo:
  • Él es norteamericano, es mi pareja y no habla español, así que continuaremos nuestra conversación en inglés para que él no se sienta excluido.
  • ¡Está bien!...¿cuánto tiempo tienes en Canadá?
  • Un año...
  • ¿Y cuándo te fuiste de Venezuela?
  • Hace un año...

Entonces comencé a hablarle en español, hecho que no le gustó para nada.

  • ¿Por qué tienes acento gringo si sólo tienes 12 meses en este país?
  • (Con marcado acento venezolano me respondió molesto) Porque no quiero que se me relacione con esa mierda de país.
  • No se llama mierda, se llama Venezuela y allí naciste, te criaste y viviste hasta hace 12 meses guevón, ¿o se te olvidó?
  • Mira, si me vas a venir con temitas de orgullo nacional, te puedes ir yendo...
  • No te preocupes que ganas de irme no me faltan.

El gringo, viendo que nuestro tono se tornó agresivo, intervino:

  • ¿What´s wrong? (¿Qué pasa?)
  • Nothing my love, nothing (Nada mi amor, nada)

Siguió viendo el juego y de repente sonó como una alarma de reloj, Ernesto lo había programado para que sonara media hora después.

  • Ya tu tiempo se agotó, te pido no le digas nada a mi mamá, dile que no me viste y que no pudiste contactarme, ¿está bien?
  • ¡Está bien!
  • Ven y te acompaño a la puerta, siento decepcionarte, pero espero entiendas que no quiero nada con el Tercer Mundo y si pudiera cambiarme el color de piel y borrar mi pasado venezolano lo haría. No te imaginas cómo odio a Venezuela.
  • ¿Sufriste algún trauma o una mala experiencia en nuestro país para que lo aborrescas con tantas ganas?
  • ¿No te parecen suficiente los tierrúos, los negros y la gente ordinaria y fea que habita allí como para despreciar a ese país?
  • (Tomé un respiro para no meterle un golpe, porque era lo que se merecía, pero me contuve) Chico, ¿tú no te estás visto en un espejo? Aparte de mal educado y desubicado, tienes en tu ser todo lo que desprecias de Venezuela, además de chulo y marico...

Se quedó mudo y a mis espaldas sonó un portazo, que me dejó sordo unos minutos.
Gracias a Dios, de este personaje no supe nada más, ni quiero saber tampoco....



Fotografía de mi primera nevada en Salaberry de Valleyfield, una ciudad cerca de Montreal. Era la primera vez en la vida que veía nieve...


Antes de continuar con esta historia, debo aclarar algo: NO SOY RACISTA, NI DISCRIMINO A NADIE, acepto a las personas tal como son, el hecho está en que he tratado desde travestis hasta personas que practican sadomasoquismo, hecho que me ha valido críticas y hasta me han juzgado mal simplemente por tener trato con personas rechazadas socialmente. Pero considero que no soy nadie para criticar a la gente y menos para controlarles sus vidas. Lo que me molesta realmente son las personas que ven defectos en los demás y no se ven los propios. Destrozan a sus semejantes y no se miran a si mismos. Bien lo decía mi abuela: “el mono no ve su rabo, para mirarle el rabo a los otros monos”.
Me enojó enormemente que Ernesto rechace a nuestra gente y más por razones tan absurdas como el aspecto físico y por razones de status social. Más frivolidad y “cabezahuequismo” no se puede.
Parece que este estúpido no tiene espejo en su casa y no se da cuenta que es más criollo que una arepa y que lo único que tiene de canadiense es la casa donde habita y el papel legal que le da permiso para habitar en ese país. ¡NADA MÁS!



Maricarmen Clay, una venezolana radicada en Esslingen, Alemania. Está casada con un alemán, tiene dos niños y es la creadora de una agrupación de danzas folklóricas venezolanas, con la que se ha presentado por toda Alemania, exaltando nuestra cultura en Europa. En la foto aparece con su hijo menor, quien por cierto, ya sabe bailar joropo...


Lamentablemente, conocí en el extranjero varios casos como éste.
En España traté a un muchacho que hablaba con marcado acento madrileño y éste creía que, por hablar como los capitalinos ibéricos, iba a transformar de manera radical su físico latinoamericano.
En Alemania me presentaron a una marabina que se teñía el cabello de rubio y utilizaba lentes de contactos azules para disimular sus genes goajiros y, se creía tan alemana, que hasta sustituyó su nombre en español por uno germánico y de manera legal. Incluso le ofendía que la llamaran por su nombre venezolano. Si antes se llamada Yusneida del Carmen Prieto Perez (nombre inventado para proteger su identidad), ahora es Greta Ingeborn Heinz Guttenberg, pero la pinta de “Lila Morillo” no se la quitaba NADA, ni NADIE. Ni siquiera la pintura rubia platinada de su cabello mal desrrizado pudo borrar sus raíces indígenas y mucho menos los plásticos azules que utilizaba en sus achinados ojos.
También conocí venezolanos que se quedaban en el Primer Mundo, porque allá hay cosas que no se consiguen en nuestro país, como por ejemplo: marcas de renombre o tecnología de punta, pero de vaina tienen para comer y los realitos les alcanza sólo para pagar las deudas.
Puedo entender y, es lógico, que uno debe amar el país extranjero que te recibe, así como adaptarse a su cultura, clima, gastronomía, idioma, etc...pero de allí a querer ser un “nativo puro”, pues veo esa reacción como un gravísimo problema de autoestima y creo que se convierte en un peo patológico cuando les da por odiar al país que los vió nacer.



En el Primer Mundo conocí a varias venezolanas con el cabello teñido de platinado, pero no por moda, sino porque deseaban ser "rubias nativas" y querían borrar con pintura sus raíces latinoamericanas


Caso contrario sucede con los colombianos, que AMAN a su tierra por encima de cualquier cosa.
Todas las casas de colombianos que visité durante mi estadía en Europa, TODAS tenían un detalle que les recordara su país, ya sea una bandera, una foto de un paisaje o alguna artesanía típica.
Cuando se les habla de Colombia, se ponen nostálgicos, recuerdan lo bueno, lo bonito y lo mejor de su país. Ninguno de ellos me habló de la guerrilla, ni de la droga, sino de los bellos paisajes de sus lugares de nacimientos, de su comida tradicional y hasta de su música.

Aclaro también que conocí en el extranjeros a venezolanos que AMAN a su país, que extrañan a su terruño natal y con los que me reuní, más de una vez, para comer arepas, un buen plato de caraotas, bailar la música de Billo´s o simplemente, para repartirnos las nostalgias del país que miramos desde lejos y que no se deja de extrañar NUNCA porque orgullosamente nacimos y crecimos allí.



Mi primera fiesta venezolana en Europa. Fue en el departamento de mi amigo Pedro Linarez en Sevilla, España, en el año 2005 y la pasamos súper bien, incluso escuchamos la música de la "Billo´s Caracas Boys" y de "Un solo pueblo". Extrañaba mucho mi acento y mi gente, y esta reunión me devolvió la energía venezolana que estaba necesitando para aquel entonces...¡Cómo nos reímos!


Creo que ese sentimiento de pertenencia y amor por lo nuestro es el que nos hace falta a los venezolanos. Apoyar nuestro joropo u otra danza tradicional no es un hecho “tierrúo” u ordinario como algunas personas lo ven. En México, por ejemplo, cualquier celebración, hasta la más fina y elegante, incluye música típica, por eso me alegra que en eventos como el Miss Venezuela, incluyan presentaciones con temas folklóricos.
Ya está bueno ver a nuestro país como un banco que se roba y se disfrutan los reales en otros lados. La política no debería trasformar el ánimo de los venezolanos y menos controlarle sus vidas o separarnos. Ya basta de quejarnos y no hacer nada. También tenemos un lado muy hermoso como nuestra hospitalidad, una naturaleza hermosa, la gastronomía y más cosas que tenemos para exaltar, promocionar y, sobre todo, amarlo por sobre todas las cosas, porque Venezuela es nuestra madre y a la madre ni se le pega, ni se le ofende, se le adora y se le respeta.

¡VIVA VENEZUELA!

José Luis Mata – Junio 2012



Niños venezolanos bailando música folklórica en un colegio de los Estados Unidos


Venezolanos en el extranjero aconsejan a los que deseen emigrar


Músicos venezolanos tocando cuatro y arpa en el barrio de Santa Catherine, en Montreal, Canadá



Fotografía de su la señora Fanny Sepúlveda y su hija Carolina. Esta foto se las tomé durante la fiesta de cumpleaños de Fanny en el 2004, en el departamento de ambas en Bruselas, Bélgica. Estas dos hermosas colombianas me tiendieron la mano en ese país y con ellas compartí hermosos momentos en la capital belga. Les estaré eternamente agradecido...